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Kerren. La brasa, el alma de un histórico renovado

No se encuentran aquí ante un asador más. Es el asador. Un histórico de la ciudad. Y con una renovada y cuidada imagen desde el pasado mes de agosto. La mejor manera de que el Kerren celebre sus 40 años el próximo 22 diciembre.

Y es que fue a finales de 1978 cuando Inocencio Urigoitia -Ino-, el padre de las actuales gerentes del local, Rosa y Arantza, transformó lo que era un viejo almacén de alimentos en un asador tradicional. Así nació este negocio familiar que, desde entonces, sostiene su éxito en la elección de productos de primera calidad, cocinados bajo el secreto de las mejores brasas y a la vista del público. El parrillero se mueve en una línea de brasas maestras, en la que la primera es tan perfecta como la última. Al famoso y sabroso chuletón, su plato estrella, a los pescados frescos y al cordero al ‘burduntzi’, se suman ahora nuevos platos, de los que les hablaremos después. Pero, por supuesto, en el Kerren mantienen lo que han hecho siempre tan bien: la magia de sus brasas.

Los que saben de él, cuando escuchan la palabra kerren (en euskera “varilla de asar”), tras haber acudido antes a este afamado local, inmediatamente activarán los sentidos. El del gusto por sus exquisitos sabores a la brasa, el del olfato por los sugerentes y deliciosos aromas culinarios, el de la vista al haber sido privilegiados ante los manjares que aquí se sirven, o el del oído por el majestuoso crepitar de sus célebres brasas. El sentido del tacto, y el del buen trato, ya los desarrolla “un equipo humano de once personas que es excepcional. Algunos llevan mucho tiempo con nosotros y, a falta de viento en los momentos de crisis, han sabido remar fuerte. Lo hacen siempre como campeones, con una entrega incondicional. Conocen a fondo el Kerren y los gustos de cada cliente”, expresan Rosa y Arantza.

El remodelado Kerren sigue con la misma esencia y conserva el alma del asador. “Ha sido un bonito reto al que nos hemos lanzado. Se aprecia una mejora del confort, porque aquí se viene a estar a gusto y a comer bien. Hemos decidido abordar los aspectos en los que más necesidad había, como la iluminación, la climatización o la música. A todo ello le añadimos una relación agradable y muy cercana con el comensal. Le hemos dado un nuevo aire al Kerren, pero conservamos la personalidad de un local rústico”, señalan las hermanas Urigoitia. Y es que una vez traspasada su pequeña puerta en la céntrica calle Iparraguirre, en este local espacioso se descubren los muros de piedra, las parrillas sobre las mesas y ese hechizo de unas brasas únicas. La iluminación saca ahora chispas a su hermosa pared de piedra. Y existen por todos los lados guiños a la cultura vasca, no solo con la comida. Como el precioso mural de Eva Mena basado en una fotografía de Eulalia Abaitua, la primera fotógrafa vasca. “Es una oda a la mujer. Su mirada transmite la fuerza y el coraje que se necesita para ir adelante. Y el color rojo elegido en la nueva decoración es también un guiño a las casas de Iparralde. Los cuadros, además, reflejan rostros vascos fundidos con imágenes cotidianas de nuestra cultura”, cuentan a BAO. Todo está al detalle, las sillas, las mesas… pensando en la clientela de siempre y en la que va a descubrir el Kerren. Pasen, siéntense y elijan. De entrantes pueden seleccionar la paleta o el jamón ibérico, foie micuit casero, un arroz meloso Basque Country con mejillones de roca y kokotxas al pil pil, la ensalada templada de bacalao o la de salmón ahumado y langostinos. Luego, a la brasa, y con materia primera de calidad, las almejas, pulpo, espárragos, mejillones, sopa de pescado de roca a la brasa, las verduritas ecológicas, una estupenda versión 2.0 de tortilla de patata, croquetas melosas de txuleta o la morcilla de Mardaras. O los txipirones a la brasa, kokotxas, taco de bacalao sobre guisote de callos a la bizkaina, el magnífico rodaballo, rape negro, lubina… O la excelsa chuleta de ganado mayor, el solomillo, las chuletillas de cordero, la molleja de ternera asada, presa ibérica, el cordero lechal al burduntzi…

El alma del Kerren está en las brasas encendidas con todo su fulgor y potencia. El espectáculo de las mismas es precioso. Encandila. En el Kerren presumen también de su bodega, con una completa y bien elegida carta de vinos tintos, blancos, espumosos y rosados. Y de postres como la torrija de brioche, fluido de chocolate, piña a la brasa con helado de lima, milhojas de arroz con leche, sorbete de mandarina, espuma cuajada con miel… Con un horario más amplio, ofrecen también de-sayunos, han mejorado su oferta de pintxos y mantienen sus estupendas cazuelitas por la tarde. “Lo que hemos tenido y tiene éxito lo mantenemos. Estructuralmente, es el mismo Kerrren, pero le hemos dado más amplitud al quitar los paneles de madera. Tenemos la misma ilusión que el primer día, cuando vimos a nuestro padre empezar hasta ser un referente en el asado a la brasa, la técnica más antigua. Notamos que ahora vienen más extranjeros atraídos por la fama de la chuleta, del buen pescado y del cordero”, apuntan Rosa y Arantza. Es posible también un menú para grupos con entrantes de ibéricos, espárragos, pimientos del piquillo, chorizo, morcilla, más un rape de kilo para dos personas y los chuletones troceados servidos a la mesa con la parrilla y sus brasas para que se mantenga caliente. Se acaba con un postre casero y café, más la bebida incluida, por
45-50 euros por persona.

Piensen que si le nombramos el término Kerren, una vez haya pasado por aquí, activará sus sentidos. La esencia de las estupendas brasas son el alma de este antiguo y pionero asador que tiene un nuevo aspecto. Es, por derecho propio, uno de los más conocidos en la elaboración a la brasa de carnes y pescados de primera calidad. No existe nada parecido en Bilbao. Hacen lo de siempre, y algo más. ¡Y de qué manera!

[contentrow style=»border»]El cordero al burduntzi
Es único en Bilbao. Les recomendamos que degusten el cordero al burduntzi, que únicamente se sirve por encargo con un día de antelación. Y es que su elaboración lleva cuatro horas cocinarlo, a fuego lento. El cordero, de unos cinco kilos, se inserta en el “kerren”, la varilla de asar. El fuego ya se ha encendido tiempo antes para que el cordero se vaya asando de manera pausada. Y se embadurna cada cierto tiempo, con una mezcla preparada por el parrillero. Su sabor será luego espléndido. Otro placer para los sentidos en el Kerren.[/contentrow]

C/ Iparraguirre 56 – 48010 Bilbao • Tel: 94 422 00 89 • www.kerrenasador.com

 

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