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Isidro Elezgarai

Isidro Elezgarai. En el camino de la vida

Isidro Elezgarai, presidente de UNICEF en el País Vasco y hombre comprometido con todo tipo de causas sociales, recorre las calles y los paisajes de su infancia, San Vicente, Ledesma, Colón de Larreategui o Jardines de Albia, repartiendo sonrisas y estrechando las manos a los cientos de amigos que ha ido haciendo en el camino de la vida. Un camino que comenzó a transitar en mayo de 1957.

Nació a unos metros de la parroquia de San Vicente, en Abando, donde se encuentra el magnífico retablo que Elezgarai tanto admira, “La cena del Señor”, pintado por Iñaki García Ergüin. Le bautizaron en la pila bautismal de la parroquia, donde años después llegaría a formar parte de su coro. Su territorio de juegos se extendía hasta la parte de atrás del actual Palacio de Justicia, donde se ubicaba el parque de bomberos, al que los niños de su época –todos querían ser bomberos- acudían para subirse a los camiones y jugar con las sirenas. Unos años, los de la adolescencia, en los que su padre –también se llamaba Isidro– le descubrió –regentó un laboratorio de perfumes– el mágico mundo de los olores.

A lo largo de su vida, en la que se ha comprometido con cientos de causas, ha sido Hermano Mayor Honorario de la Virgen de Begoña, Gigante de Bilbao en el 2009, Bilbainólogo, Villano de Honor, premio Bihotz (Corazón) Sariak de la prensa vizcaína, exconsejero de Cáritas, académico de la Academia del Cerdo (Txarriduna) –ocupa el sillón “Criadillas”–, pregonero de la Semana Santa en 2005 y pregonero de Aste Nagusia en 2010. Es tan popular en Bilbao que hasta su nombre inspiró el cóctel Isidroni, recreado por la bartender Zaloa López. En el colegio de los Maristas, tanto en la Plaza Nueva como en Iturribide –coincidió en las aulas con ilustres bilbaínos como Xabier Jon Davalillo, Andoni Oleagordia, Tomás del Hierro o Boni García–, pasó sus primeros años de aprendizaje. Al cumplir los trece años estuvo postrado en la cama durante una larga temporada con brucelosis, fiebres de Malta, momento en el que decidió comenzar a practicar un deporte tan desconocido en esos años por estos lares como el taekwondo –fue campeón de Bizkaia en tres ocasiones y dos de Euskadi del peso semipesado–, “es un deporte que te enseña valores como la constancia, el honor y la humildad. Es una filosofía de vida que exige meditar, ponerse en el lugar del otro. Con la práctica del mismo he aprendido a ayudar a los demás, a los que están mal”.

Siguiendo esa misma filosofía, la de ayudar a los demás, comenzó a trabajar con apenas 25 años en Laboral Kutxa, entidad cooperativa, donde el modelo de funcionamiento es solidario. A los pocos meses, tras haber pasado por el ventanillo, pasó a ser director de relaciones externas, donde ha ejercido más de tres décadas. “Nunca he tenido una hoja de ruta en la vida, he ido cogiendo las cosas que me servían para crecer y que no se correspondían con el dinero”, afirma. “He estado en los sitios para aprender, para ayudar. Lo más importante es mirarte en el espejo y ver que eres una buena persona”.

Desde hace más de dos años, Isidro es uno de los miles de voluntarios que colaboran de manera desinteresada para que el mundo sea cada día un poco mejor –UNICEF está presente de manera permanente en 154 países–. Para Elezgarai, que siempre ha tenido una honda preocupación social, formar parte de UNICEF es una manera de hacer una sociedad más justa, más equitativa. “UNICEF es la agencia de Naciones Unidas que tiene como misión defender los derechos de la infancia en el mundo. UNICEF, distribuyó más de 2500 millones de vacunas en el mundo, trató a 3,4 millones de niños con desnutrición aguda grave, proporcionó educacion a 11,7 millones de niños en situaciones de emergencia, más de 39 millones accedieron a agua potable en países en conflicto o que han tenido catástrofes naturales”. De esta manera tan apasionada cuenta Elezgarai la labor que realiza la entidad que preside en el País Vasco desde febrero del 2016 para mejorar la vida de los niños más desprotegidos. Entre sus proyectos para el País Vasco se encuentra que localidades como Bilbao, Vitoria, Ortuella y Pasaia obtengan el reconocimiento como ciudades amigas de la infancia y así los más pequeños puedan tener voz para poder ayudar a mejorar sus ciudades. Otro de sus sueños es conseguir que las escuelas eduquen en valores cívicos, eduquen ciudadanos que respeten al diferente, que sepan llegar a acuerdos con aquellos que no piensan de la misma manera, “la educación –concluye- es el arma para cambiar el mundo”.

Texto: Txema Soria • Fotos: Hibai Agorria

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