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Biblioteca de Bidebarrieta

En el nº 4 de una de las calles principales del Casco Viejo bilbaíno, la que comunica la basílica de Santiago con el teatro Arriaga y que en otros tiempos albergó el Ateneo y las primeras oficinas bancarias de la villa, se alza un soberbio edificio que antaño acogió a la Sociedad El Sitio y hoy es sede de la Biblioteca de Bidebarrieta, la principal de las dieciséis que forman la red de bibliotecas municipales de Bilbao, con un fondo de más de 400.000 volúmenes en diferentes soportes.

La biblioteca se asienta en un edificio construido por el arquitecto Achúcarro entre 1880 y 1890, para ser sede de la Sociedad El Sitio, que en 1936 se lo ofrece al gobierno de la República. Más tarde, al constituirse el Gobierno Vasco, su consejero de Sanidad lo transforma en Hospital de Sangre. Con la llegada de los franquistas a la villa, lo ocupan los requetés como su cuartel. Años más tarde, lo incauta el gobierno, lo saca a subasta y será el ayuntamiento de la villa quien lo adquiera y en 1956 lo convierta en sede de su Archivo y la espléndida biblioteca que hoy es. Las inundaciones de 1983 afectaron a sus instalaciones y sus fondos, y hubo de permanecer cerrada algunos años hasta su profunda remodelación.

El salón de encuentros y conferencias

La joya arquitectónica de su interior es la gran sala de conferencias, cuya bóveda luce llamativos frescos de los pintores Echenagusía y Guinea: la dama con las armas de la villa en el paño central representa a la propia villa, a la que corona una rama de roble, símbolo de las libertades. Y mientras la Fama y la Victoria bajan a coronarla, la rodea una pléyade de figuras que simbolizan a su vez la abundancia, el comercio, la justicia, la ley, la poesía…, en una armonía de imágenes rota solo por la Discordia. La visión de un cielo tachonado de nubes oculta la estampa de los signos zodiacales de los meses que duró el sitio de la villa. Rodeados de nubes y querubines, circundan el techo otros dieciséis paneles, obra de Guinea: personifican las manifestaciones artísticas de la música, la danza, la comedia… Al alzar la mirada en cada una de las conferencias, jornadas, presentaciones literarias que se convocan regularmente para contemplar el inmenso mural de la bóveda, más de uno se sorprenderá al descubrir a un ser solitario que nos observa desde uno de los palcos. Es la figura de don Miguel de Unamuno, atento a cuanto ve y escucha, y cuyo busto con expresión seria y meditativa nos ha saludado ya en el descansillo de la escalinata que lleva al salón de conferencias, bajo la monumental vidriera que la corona.

Un valioso fondo

El edificio alberga la biblioteca con un fondo que abarca desde ediciones del siglo XVI a los diversos formatos técnicos actuales, en su mayoría disponibles tanto para consulta como en préstamo, gracias a sus ficheros digitales y a un equipo de estupendos asesores y bibliotecarios que informan y facilitan cualquier solicitud. En palabras de su directora, Felisa Sanz, “el objetivo es prestar los servicios que una biblioteca pública del siglo XXI debe ofrecer, respetando a la vez por todos los medios las características y la fisonomía de un edificio tan singular, patrimonio de todos los bilbaínos y bilbaínas”.

Hace siglo y medio, por ejemplo, el vascófilo Príncipe Bonaparte, que tuvo entre sus empeños la defensa de la lengua y la cultura vascas, legó algunas “pour les Archives de Bilbao” en 1859. Se trata de traducciones en diversos dialectos y otras de carácter religioso mandadas traducir por el propio príncipe: un Evangelio de San Mateo en guipuzcoano o el Apocalipsis en auletino, entre otras.

Bidebarrieta es hoy la sede central de la red de bibliotecas bilbaínas que se extiende por los barrios de la ciudad y ofrece una red de ordenadores, así como una hemeroteca que añade 3.000 publicaciones periódicas a su imponente fondo bibliográfico, en el que se guardan las partituras originales de Juan Crisóstomo Arriaga.

Texto: Seve Calleja • Imágenes: Biblioteca de Bidebarrieta

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