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Aste Nagusia. Más que una semana de fiesta

¡¡QUE LLEGA LA ASTE NAGUSIA!! Un variado programa festivo, que atiende a todas las edades, dará colorido a Bilbao para despedir el mes de agosto.

La Aste Nagusia, la Semana Grande de fiestas de Bilbao, se ha convertido en un fenómeno sociológico de honda significación económica. Y no es un tópico. Los datos multiplicadores sobre la presencia de público durante los nueve días de versátiles actividades y el rédito económico que supone para el sector servicios, principalmente, son algunas de las coordenadas más sobresalientes de esta cita ya imprescindible para decenas de miles de personas, de aquí y de allá.

La correcta adecuación del programa de la Semana Grande a las apetencias de los públicos más diversos constituye el reto más importante al que se enfrenta, de salida, la Comisión de Fiestas del Ayuntamiento de Bilbao. La consideración de alcanzar una Aste Nagusia nítidamente popular es uno de los principales objetivos de cada edición. De hecho, cuando llega el momento de sacar conclusiones, se trata de una de las bases del éxito y el reconocimiento logrados hasta ahora.

La contratación de los espectáculos teatrales, de los conciertos en los distintos escenarios, la definición de los carteles taurinos para Vista Alegre, entre otros actos de referencia, necesitan de la antelación suficiente para que Bilbao pueda seguir ofreciendo la calidad y el interés que se le vienen reconociendo como base de su éxito. Bien es cierto que cantantes, actores y toreros también ayudan porque son conscientes de que un éxito en la capital vizcaína les reporta una dimensión nacional que siempre ambicionan profesionalmente.

Como propósito generalizado, desde el Ayuntamiento de Bilbao se pretende que la Villa “huela a fiesta compartida”. Un vistazo pormenorizado al programa de cada una de las nueve jornadas de la Aste Nagusia corrobora esta intención municipal. Se trata, en definitiva, de que nadie se sienta ajeno de una realidad que sabe contagiar sin distinciones de edad. Cada hora tiene su afán, cada actividad deja abierta la puerta al público que desee asistir.

Y este objetivo se viene extendiendo a la amplia oferta que supone la visita incesante de turistas. Las fiestas de Bilbao son un indiscutible atractivo turístico, como reconocen desde el sector servicios con indudable satisfacción.

La planificación turística de la villa propicia que los visitantes se adentren en el sentimiento festivo que destilan cada uno de los rincones de Bilbao. Muchas de las actividades que se suceden desde la mañana a la noche tienen el gancho suficiente para captar la curiosidad y el interés de esos turistas, que también han dispuesto en su jornada de la visita a los museos, del recorrido por las tiendas y de la degustación gastronómica.

Los responsables turísticos vienen detectando cómo los visitantes de otros puntos alejados del País Vasco se incorporan con curiosidad divertida a los festejos callejeros, a las exhibiciones gastronómicas y al jolgorio que se crea con la participación distendida de cuantos sienten simplemente las ganas de pasarlo bien.

El turismo también son cifras para calibrar su evolución. En el pasado año, la recuperación del mercado nacional, junto al buen comportamiento del turismo internacional que sigue aumentando, constituyeron los dos aspectos más destacables durante la Aste Nagusia.

Con las primeras notas de una kalejira, de ese recorrido musical para ambientar la jornada que se acaba de despertar, nos entregamos a la fiesta. Se notará con facilidad allí donde nos encontremos. Podemos elegir fácilmente el entorno de la Plaza Nueva, esa cita imprescindible cuando se trata de conocer raíces populares, rincones entrañables que rezuman la historia de Bilbao. Es el Casco Viejo, tan acogedor como siempre y acostumbrado a la sucesión de visitantes siempre atendidos.

Mientras nos dejamos acompañar por la música, es fácil dar unos pasos y encontrarnos con una representación teatral en la calle. La favorable respuesta proporcionada a este tipo de muestras artísticas ha conllevado a que dispongan de un sitio fijo dentro de la programación.

Llegamos a la hora del primer aperitivo. Es el momento de elegir entre las tentadoras ofertas culinarias que se cuelan por las barras de los numerosos bares al servicio del visitante, al que se dispensa cada vez más la opción de prolongar la degustación en una cómoda terraza siempre animada. Y aquí, las alternativas se multiplican porque para entonces la jornada festiva ha visto multiplicar sus escenarios. Los hoteles se suman a la fiesta, las emisoras de radio entrevistan a los personajes populares y las calles se empiezan a poblar sin prisa alguna. Pero hay espacio también para ver cómo evolucionan los concursos gastronómicos, santo y seña de las fiestas donde cada año se constata un afán de superación por parte de los centenares de concursantes que pone a prueba el paladar del siempre exigente jurado. Incluso, habrá quien siga aplaudiendo la última hazaña de un levantador de piedra (harrijasotzaile) o del corte certero de un tronco (aizkolari), deportistas siempre admirados por su capacidad de esfuerzo.

Bilbao se esfuerza cada Semana Grande por mejorar su oferta gastronómica. Desde los más exigentes a los bolsillos más ajustados, cada rincón es una posibilidad de encontrar lo que se busca. Un tiempo para reponer fuerzas, principalmente porque se está atravesando simplemente el ecuador de uno de los nueve días de fiesta.

Para muchos, el momento de iniciar a pie el camino hasta la plaza de Vista Alegre, donde esperará otro de los carteles señalados por la fiesta de los toros como espectáculo a seguir. Es uno de los espectáculos que, junto al teatro, mayor proyección ha aportado a la Aste Nagusia. La colección de figuras es un atractivo que la Junta Administrativa mima porque sabe cuánto hay en juego.

Pero el programa no se ha detenido con la corrida de toros. Seguirán los espacios infantiles para que los más pequeños empiecen a contagiarse del ambiente festivo. Zonas como el Parque de Doña Casilda son una cita que se va convirtiendo en multitudinaria con el paso de las horas. Incluso en el Casco Viejo, el termómetro festivo sigue sin detenerse.

Es la fotografía más exacta de un día festivo: que cada uno encuentra su distracción. El carácter gratuito de los festejos dispuestos a pie de calle, al igual que ocurre con los conciertos, es otro de los santo y seña que hablan por sí solos del gancho festivo que tiene Bilbao.

Y ya, cuando va cayendo la noche, llega la magia de los fuegos artificiales que se supera cada año con la calidad de sus concursantes e invitados a las jornadas nocturnas. Miles de personas se siguen sorprendiendo por las creaciones pirotécnicas de talla internacional.

Texto: Ayto. Bilbao • Fotos: Hibai Agorria y  Ayto. de Bilbao

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