Barman sirviendo una bebida en el bar Residence en Bilbao @Pablo Urkiola
Texto: Julián Méndez • Fotos: Pablo Urkiola
Residence, de Manu Iturregi, acogió bajo su ala tutelar a los aficionados irlandeses y franceses que acudieron a las finales de rugby.
Los caminos del rugby son infinitos. A Manu Iturregi el rugby fue a encontrarle detrás de la barra del Residence. Como nunca ponía fútbol en su local, algunos clientes extranjeros le animaron a sintonizar el VI Naciones. En ese momento, brotó en Manu una devoción inquebrantable por esa religión profana y tumultuosa que adora a un balón ovalado.
A día de hoy, Residence es la embajada oficiosa de Murrayfield, el campo donde juega la selección de Escocia y lugar habitual de peregrinación de Manu Iturregi tras su conversión a la fe verdadera. Con el escudo del cardo en su camiseta azul, txapela y patillas imperiales, rodeado de balones y flanqueado por un batallón de botellas de whisky, Iturregi parece un pilier de otra época. No puede ser de otra manera. Hay que tener riñones y mucho empuje para atender como se debe a las sedientas tropas de visitantes irlandeses y franceses, locales, forasteros y apátridas que celebraron aquí el calentamiento (“lo llamamos Tiempo cero”) y el imperdonable tercer tiempo durante las finales de la Challenge Cup y de la Investec Champions Cup.
Contactó Manu con los cuatro clubes finalistas en su momento, indicándoles la evidencia de que Residence es un bar de rugby de los pies a la cabeza y poniéndose a disposición de los viajeros. “Nos declararon Official Supporter Bar. Abrimos una hora antes. No quisimos columpiarnos con los precios y los mantuvimos. Lo mismo que las copas de cristal para servir pintas, cócteles y tragos. Hay que estar siempre a la altura”, confía.
Allí dentro, pudimos reconocer de inmediato a los uniformados seguidores irlandeses de Leinster y Ulster, así como a los franceses del Bordeaux Bègles y Montpellier. Formaban corros, improvisadas melés ante la entrada, izaban a puro huevo a alguno hasta lo más alto de una touche de fantasía para que apurara su pinta en las alturas. Otros armaban rucks contra la barra, bien cerca de los cañeros de Guinness, Murphy’s Irish Red y Hop House 13. Los de Irlanda, que tienen en Bushmills la licencia para destilar whiskey más antigua del mundo, nada menos que de 1608, pedían Teeling, Jameson, Redbreast. Los de Burdeos y Montpellier, terroir obliga, pedían vino, birras y whisky bretón Bellevoye.
Dentro del Residence todos éramos iguales, nos reconocíamos unos en otros pese a las diferencias de idioma y colores. Con sus canas y sus orejas de coliflor, vestían veteranas camisetas, muy entalladas y pasadas de moda, con los cuellos vueltos, tapando los gruesos morrillos. Posaban para las fotos entre canciones y gritos tribales, con los brazos cruzados sobre el pecho y las peludas patillas con forma de hacha cruzando sus sonrosadas mejillas. Las gentes del rugby que vinieron a Bilbao encontraron en Residence su casa y su fuente.
Tel.: 635 727 468 • C/ Barraincúa, 1 – Bilbao • www.residencecafe.com
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