Juan Infante sosteniendo un libro en Bilbao frente a un edificio moderno.

Juan Infante y las cinco vidas de Tomás Garrincha: El gángster que conquistó el Gran Bilbao

Texto: Taicha Peñín

A las siete de la mañana, Juan Infante ya está en su despacho de abogados. En esas primeras horas del día, antes de que arranque el teléfono y las urgencias judiciales, Tomás Garrincha cobra vida: un gánster retirado, flaco y desgarbado, que mide uno noventa y al que se le dibuja un cuchillo en la mirada cuando se enfada.

Un hombre gastado por la vida, como sus vaqueros, pero elegante. Capaz de moverse con la misma soltura en un bar de Olabeaga que en el restaurante de La Bilbaína, entre el hampa y la burguesía bilbaína.

Garrincha lleva cinco novelas paseándose por Bilbao. Y Juan Infante, su creador, lleva diez publicadas, dos talleres de novela negra en ALEA, una tertulia noir mensual, la newsletter La Carta Noir de El Correo y un despacho de abogacía en activo.

El nacimiento de un gánster con código

La idea de Garrincha nació de una búsqueda. «La inmensa mayoría de los protagonistas de novela negra son policías o detectives. Yo quería buscar un personaje distinto», explica Infante. Podía haber sido un malvado puro, como Hannibal Lecter, pero Infante buscaba algo más complejo: «Mi personaje busca una especie de equilibrio. Viene del mundo del delito, pero lo ha dejado e interviene a modo de detective; quiere luchar por causas justas —las que él entiende como justas— aunque utilice métodos que no son legales».

El objetivo era claro: conseguir que el lector sienta empatía por Garrincha. «Es lo que consigue magistralmente Patricia Highsmith con Tom Ripley». Y en cierto modo, Garrincha es el Ripley bilbaíno: un delincuente con código que no cobra por lo que hace, pero que no duda en usar su Beretta cuando la situación lo requiere.

Humor gamberro en la oscuridad

Un crítico de El Correo definió las novelas de Infante como «gamberras», y él no lo niega. «El humor, la ironía, incluso la parodia, son importantes en la literatura. Y creo que en el género negro, si lo haces con cuidado, funcionan. La trama permite incorporar el humor de una forma natural».

Sus referentes están claros: el hard-boiled americano. Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Ross Macdonald. «Desde los años 20, en Estados Unidos empieza a haber un género distinto, más duro, más oscuro. Muchas veces, al asesino se le conoce desde la primera página y las bandas mafiosas tienen mucha más presencia».

Bilbao: más que un decorado

Como Sherlock Holmes y Londres, Philip Marlowe y Los Ángeles, Pepe Carvalho y Barcelona. «Garrincha no puede existir fuera de Bilbao. La ciudad lo define tanto como él define a la ciudad», dice Infante. Un Bilbao concreto, detallado, vivo; que «se relaciona muy bien con el género negro».

Infante escribe con el aplomo de quien conoce los entresijos del poder y el crimen. Sus novelas se leen sin que la acción decaiga. Pero además de intriga, humor, tramas bien urdidas y acción, son un tour literario por el Gran Bilbao. Escenarios como el Hotel Domine, el Carlton, el Cargadero de Olabeaga, El Puertito de la calle Ledesma o el Azkuna Zentroa no son solo decorados, son personajes.

La Bilbaína y Olabeaga

Hay dos lugares que definen el universo de Garrincha. La Bilbaína, un club señorial fundado en 1839, territorio de la gran burguesía bilbaína donde Garrincha —que viene del delito— tiene que comprarse una americana para poder entrar. En Sospechosos, el primer crimen ocurre precisamente allí.

Y Olabeaga, «la pequeña Noruega», el barrio de Garrincha. «Es un barrio muy tradicional, con mucha personalidad en Bilbao». Garrincha, que nació en Portugalete, acompañaba a su padre al puente colgante a pescar. «Él dice que le vinieron muy bien para su tarea delictiva esa paz y esa tranquilidad que le daba Olabeaga».

El reconocimiento y el futuro

Atrapado, la primera novela de Garrincha fue nominada al Premio Euskadi de Literatura. La última, Garrincha y su Beretta, recibió en 2025 el premio de la Asociación de Periodistas de Radio y Televisión a las mejores noticias del año.

«A mis alumnos les suelo decir que las novelas no se venden solas. Hay que trabajar la presentación, estar en contacto con los lectores, y para eso hay que moverse mucho». Mañana Juan Infante volverá a su despacho a las siete. Pero Bilbao, siempre, de fondo.

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