Arquitectura

Dendritas: Los grafitis de la naturaleza

Texto y fotos: Jon Benito

Las rocas con las que se construyen calles y monumentos pueden depararnos sorpresas a la mínima que prestemos atención cuando caminamos por la ciudad.

Por ejemplo, los edificios construidos con el delicado mármol rojo de Ereño (es el caso de las columnas de la entrada del ayuntamiento de Bilbao) muestran unas vetas blancas que no son sino antiguos fósiles de moluscos marinos, que también se observan en el llamado Mármol negro de Markina, una elegante roca cuyas losas tapizan el hall del Empire State o el salón de reuniones de la ONU, nada menos.

En otros casos, hay piedras que parecen fósiles, pero no lo son. No obstante, dotan a la piedra de una belleza inusual. Es el caso de las dendritas, unas figuras ramificadas que se pueden ver, entre otros lugares, en las baldosas de los muros del parque de Amézola en Bilbao.

A nada que nos fijemos en esas losas amarillentas de arenisca, veremos multitud de dibujos con aspecto de árbol. Parecen los fósiles de finas plantas o helechos (podemos llamarlos pseudofósiles), una confusión que ya tuvieron los naturalistas de siglos pasados por desconocer los procesos químicos que hoy comprendemos bien. Incluso alguien podría pensar que son grafitis desgastados por la lluvia, pero no. Las dendritas son realmente figuras compuestas por pequeños cristales de manganeso y hierro que han tomado formas arborescentes (su nombre proviene del griego dendron, árbol), gracias a la circulación del agua subterránea.

Todo comienza cuando el agua de la lluvia penetra en el suelo y arrastra los minerales que encuentra en su camino, entre ellos, óxidos de manganeso y hierro. Según profundiza, y si se dan unas condiciones apropiadas (presión, temperatura…), los minerales disueltos vuelven a su estado sólido y cristalizan según las líneas irregulares de la roca, pero también por medio de un patrón de crecimiento de cristales muy habitual en la naturaleza. Entonces, las dendritas comienzan a crecer y a extenderse para dar lugar a esos dibujos que parecen hechos a plumilla por un artista japonés o por un grafitero de trazo fino. Cuanto más lento sea el proceso, mayor será el tamaño de los cristales formados.

Si los microcristales son de manganeso, adquirirán un tono negruzco o marrón. Si son de hierro, serán de color rojizo.

Las dendritas se distribuyen por todos los continentes y pueden formarse en diversos tipos de roca (caliza, arcillas, arenisca, esquisto…). De vez en cuando, lo hacen sobre cuarzo, ópalo y ágata. En esos casos, si se pulen con maestría, se pueden conseguir unas piedras semipreciosas por su estética, aunque su valor monetario no sea el de una joya.

No hay duda de que estas delicadas filigranas minerales reflejan el lento trabajo de la naturaleza, un cóctel formado por agua, sales minerales y mucho tiempo, normalmente millones de años.

mikelbao

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