A finales del siglo XIX y comienzos del XX, Europa fue escenario del surgimiento de un estilo artístico audaz y vibrante: el art nouveau. Esta corriente —conocida como Modernismo en el ámbito hispano— nació como respuesta al academicismo dominante y apostó por una estética basada en lo orgánico, lo sinuoso y lo decorativo.
Su origen se sitúa en países como Bélgica y Francia, donde arquitectos como Victor Horta o Hector Guimard abrieron camino con propuestas profundamente influenciadas por la naturaleza y la libertad formal.
El art nouveau se distingue fácilmente por sus formas curvas y asimétricas, los motivos florales y vegetales, el uso innovador del hierro forjado y el vidrio, y la integración de distintas disciplinas artísticas: arquitectura, diseño, mobiliario, cerámica, vidrieras… Todo estaba al servicio de una nueva sensibilidad que buscaba la armonía total. Frente a la funcionalidad que se impondría más adelante, el art nouveau celebraba el ornamento como un lenguaje propio.
El movimiento vivió su momento de esplendor entre 1890 y 1910. Fue un periodo breve, pero intenso, antes de que la Primera Guerra Mundial acelerara su declive. Pronto, nuevas corrientes, como el art déco o el racionalismo moderno, tomaron el relevo. Aun así, el art nouveau dejó una huella profunda en el tejido urbano de muchas ciudades europeas.
En esas mismas décadas, Bilbao vivía una intensa transformación industrial y urbana. El crecimiento de la burguesía trajo consigo una voluntad de modernización que también se expresó en la arquitectura. Algunos encargos particulares abrazaron los ideales del art nouveau, aunque de forma mucho más contenida que en urbes como Barcelona, Bruselas o Viena.
Las razones de su escasa implantación en Bilbao son múltiples. Por un lado, el peso de una tradición arquitectónica más sobria y clasicista. Por otro, la corta vida del estilo y la pronta llegada de tendencias más racionales y funcionalistas. A esto se suma el carácter pragmático de la sociedad bilbaína de la época, poco inclinada a adoptar un estilo tan decorativo y libre.
A pesar de su limitada difusión, Bilbao conserva algunos ejemplos notables de arquitectura art nouveau —desperdigados por la ciudad y que merecen ser redescubiertos—, tales como: la Casa Montero, en la alameda Rekalde, obra de Luis Aladrén; el Edificio Guridi, ubicado en la calle Astarloa, obra del arquitecto José Bilbao y Lopategi, un edificio de viviendas de elegante fachada en la que se despliegan motivos florales y balcones curvos que remiten claramente al espíritu modernista; o una de las más importantes joyas arquitectónicas de la ciudad y quizá máximo exponente de este estilo en Euskadi, el Teatro Campos Elíseos, construido a principios del siglo XX por los arquitectos Jean Batiste Darroquy y Alfredo Acebal.
Texto y fotos: David Tijero
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