Categorías: Viajar

Machu Picchu. La ciudad perdida

Un autobús nos permitió alcanzar Cuzco desde Nazca. Al ser los Andes tan sublimes, tuvimos que sufrir quince horas de tortuosas curvas. Los precipicios y cortados que dejaron a un lado las ruedas del autobús en el que viajábamos causarían vértigo a cualquier funambulista. Cuzco.

Cruzar los Andes con luna llena y ver amanecer en el altiplano fue espectacular. Cuzco, la capital y sede del gobierno del Imperio Inca, considerada como la ciudad habitada más antigua de toda América, nos sorprendió según la recorríamos. Algunas de las calles, incluso, parecían sacadas de algún pueblo español. En Cuzco destacan el Coricancha, antiguo santuario dedicado al dios Sol en el que, según la tradición, los incas habían recubierto sus muros con láminas de oro, la Plaza de Armas, La Catedral, el barrio de San Blas…

Aparentemente, la arquitectura inca es sencilla y de formas simples, pero las construcciones esconden mayor complejidad de la que revela su austera estética. Sabían construir muros eternos que han soportado los continuos terremotos de la zona y que parecen un inmenso rompecabezas en el que todas las piedras cuadran a la perfección con sus adyacentes. Pero lo increíble de estos trabajos es que no estamos hablando de colocar pequeñas piedras fácilmente manipulables, sino que cada pieza puede pesar entre 100 y 200 toneladas. Además, al no conocer el hierro, el pulido de las piedras debió efectuarse por el golpe de piedra contra piedra o mediante la abrasión con arena o agua. Para apreciar en toda su dimensión la perfección de su arquitectura, teníamos que llegar a Machu Picchu.

 

Machu Picchu.

Utilizamos un autobús, un coche-colectivo y un tren turístico para recorrer los 120 km que lo separan de Cuzco. Las cinco horas que tardamos en alcanzar la “ciudad perdida” merecieron la pena al entrar en este recinto donde la visión de la hierba, las piedras, los templos y las rocas sagradas te quitan más oxígeno que el soroche o mal de altura. Desde su descubrimiento en 1911, se han barajado varias hipótesis para intentar aclarar qué funciones tenían estas construcciones: lugar de origen de los incas, última fortaleza de este pueblo antes de sucumbir ante los españoles o un complejo religioso habitado por las vírgenes del Sol. En la actualidad, la teoría más valorada es que se trata de una fortaleza que mandó erigir el Sapa Inca Pachacuti como lugar de descanso para él, su familia y los nobles cortesanos. Esta ciudadela estaría habitada permanentemente por unas 300 personas y alcanzaba las 1000 cuando el inca se desplazaba hasta ella. Machu Picchu es, sin lugar a dudas, una de las maravillas del mundo, pero no sólo por lo que se ve sino también por lo que se siente. Se vibra con la naturaleza y te recorre la energía, te atraviesa como una lanza imaginaria.

 

Texto: Antonio Balduque • Fotos: Mariano Remiro

mikelbao

Entradas recientes

El universo surreal de Hardibudi

Hardijanto Budiman, conocido como Hardibudi, es un fotógrafo indonesio que fusiona la fotografía con poesía…

3 meses hace

La cocina de las plantas silvestres

Las plantas silvestres ofrecen un sinnúmero de recursos culinarios y medicinales. Este reportaje presenta recetas…

3 meses hace

Joaquín Sabina. Pasión y vida en viñetas

El cómic "Joaquín Sabina. Pasión y vida (Vol. 1)" retrata la vida del cantante desde…

3 meses hace

Janire González-Etxabarri. Sueños sobre una ola

Janire González-Etxabarri, una joven surfista vasca de 20 años, se coronó campeona del mundo en…

3 meses hace

Indarrak. Mujeres en el Herri Kirolak

El Herri Kirolak, deporte rural vasco, refleja la cultura vasca y ahora incluye a mujeres…

3 meses hace

Bego Elexpe. La emoción detrás de cada retrato

La fotógrafa bilbaína Bego Elexpe comparte su viaje artístico y emocional, destacando la importancia de…

3 meses hace