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La Destilería. Donde convertirse en un gato pardo

  • 3 Jul, 2018
  • Hibai Agorria
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En la orografía urbana de cualquier ciudad que se precie existen rincones ocultos donde la vida se sienta a tomar una copa, en ocasiones como excusa para relajarse y ver pasar la vida al galope, en otros momentos para vivir al ritmo trepidante del disfrute, para ser testigo unos días y protagonista otros.

A unos metros de la Alexanderplatz de Berlín; entre el dédalo de bares legendarios, rincones históricos y delicias gastronómicas de Greenwich Village, en Nueva York; en una mesa de The Anchor, en Bankside SE1, un tradicional espacio que data del siglo XVII con vista al Támesis, y que permite a los clientes del Globe Theatre (ahí estrenaba Shakespeare con la compañía teatral Lord Chamberlain’s Men…) compartir con los demás clientes una noche inolvidable… Ahí se resguardan los placeres de la vida.

Rara vez se exhiben a la luz de la luna esos rincones sino que sobreviven ahí, en confortables lugares secretos, donde la noche se siente cómoda y no quiere testigos. A esta estirpe pertenece La Destilería, una firma que cuenta un pequeño local ubicado en el número 3 de particular de Indautxu (la boca de entrada de un callejón le da pedigrí a cualquier lugar…) y un local de mayores dimensiones a la altura del número 59 de Alameda Urquijo, donde las copas se toman al ralentí a media tarde y con el acelerón propio de la medianoche, cuando la vida se dispara a borbotones. Es entonces cuando la clientela se convierte en una de las criaturas de la noche: un gato pardo.

Visto así, quizás ese dibujo de un gato con chistera (le acompaña un mono con frac en los espejos frente a la barra…) que recibe a los visitantes del local de Alameda Urquijo sea justo eso, una contraseña, un guiño, una invitación a la vida alegre. Surge la tentación de preguntárselo a Jon Ruiz de Loizaga, maestro de ceremonias en ambos locales, pero resulta complicado. Hay que cazarle al vuelo. El hombre no para, de arriba abajo, atento a que la diversión encuentre vía libre en las autopistas de la noche.

No, no es fácil llevar las riendas de ese caballo desbocado cuando cae la noche. La Destilería de Urquijo se ha convertido en un local de referencia para los pájaros nocherniegos de la villa y para toda esa población flotante que pasa por una ciudad que tiene la noche medio dormida o en la UVI. El despertar llega al compás de una cuidada selección de música de los años 70, 80, 90, tres décadas asombrosas, y de los ritmos más actuales. A ese mismo son, los hielos mueven el esqueleto en una gran variedad de cócteles con y sin alcohol, desde los más clásicos (“El gin-tonic sigue siendo el rey pero ahí despuntan los destornilladores y los kendalls”, canta Jon…) hasta una selección propia de cócteles de autor elaborados con las mejores marcas.

Siete personas en plantilla mueven el juego en un aforo de 85 personas. “Lo importante es que tengan empatía y donde de gentes. El trato es esencial”, asegura Jon, mientras atiende un mensaje de WhatsApp, responde a dos llamadas y atiende a un distribuidor. La noche se fabrica durante el día y el ojo del amo ha de estar al acecho, vigilante. La Destilería se presenta como una celebrity bajo las luces de neón de Broadway en el teatro de la noche, como un local especialmente indicado para todo tipo de eventos y grupos.

Que la noche esté repleta de peligros es una cantinela que se repite con asiduidad. Jon, comandante de actividades nocturnas, recuerda que uno de los riesgos es que las horas brujas de la madrugada mueran de inanición. “Las leyes no facilitan las cosas; ni por los horarios ni en las condiciones que exigen, hay que buscar un equilibrio entre los derechos de todos para que la ciudad no deje de dar servicios y no entorpezca los descansos. Es un ejercicio de buena voluntad por todas las partes”.

¿Pero…? La pregunta rebota por las paredes y Jon se muerde los labios antes de poner algún que otro punto sobre las íes. “Lo que ocurre en Bilbao con la noche no pasa en ningún otro sitio de España. Los hosteleros que trabajan ese sector generan puestos de trabajo y pagan sus impuestos así que, de una u otra manera, son, somos, una riqueza de la ciudad. Con decirlo así vale”.

La transformación de la noche es, además, morrocotuda. Jon Ander Ruiz de Loizaga, testigo de toda una década de cambios, otea el nuevo horizonte desde una privilegiada atalaya. Admite que, a partir de ciertas horas, la noche pierde conversación. “Antes había un grupo de personas que salían a ligar, eso es innegable. Pero de un tiempo a esta parte las aplicaciones del móvil sustituyen a la barra del bar por la noche: la gente ya viene ligada y no necesita tanto parloteo. Van en busca de la música que les gusta y de un ambiente que les haga sentirse cómodos y no se sientan víctimas de un asalto aunque no cabe duda que la buena presencia mejora el ritmo de la noche. Pero el objetivo ya no es el mismo que hace diez años, donde una inmensa mayoría buscaba lo que buscaba”. El gato que ya no caza ratones vamos. Dicho sea desde el respeto.

“Guardo un poco para Netflix y otro poco para el gimnasio…” Jon Ander Ruiz de Loizaga, que apuesta por el rejuvenecimiento de la noche –“en La Destilería de Urquijo, a partir de ciertas horas, cambia el paisaje: hay más público joven, entre los 25 y los 40 años que de cualquier otras franja de edad”, asegura…–, ha detectado que el público noctámbulo, si es que se le puede llamar asi, se ha lanzado hacia la selección. “La gente, como le digo, no busca el ligoteo con el ansia de antaño y distribuye de otra manera su presupuesto. Buscan copas de calidad, preparadas con esmero por alguien que, además de servirlas, lo hace con educación y cariño. Igual no se beben las riadas de tiempo atrás pero sí aprecian que lo bebido sea de calidad”.

Miren, miren por el ojo de la cerradura aquellos que ya no salen de noche. Y vean, como les decíamos al principio, que siempre se buscó lo mismo a la luz de la luna: la diversión. Rompan las cadenas de los prejuicios –“he tenido más problemas con la gente de edad que no está acostumbrada a beber y se pasan de rosca que con los jóvenes”, asegura Jon Ander Ruiz de Loizaga…– y libérense. Si se animan y quieren probar la noche de hoy en día, una buena copa y el desmelene de la música de hoy les espera a escasos metros del Hotel Ercilla, entre la salida del metro de Indautxu y el Azkuna Zentroa, desde donde La Destilería de Urquijo (hermano mayor de La Destilería) con más metros y más horario pero la misma filosofía, le lanza anzuelos. ¡Déjense pecar!

Texto: BAO • Fotos: Hibai Agorria

Alameda de Urquijo, 59 – 48009 Bilbao

Tel.: 946 543 781

C/ Indautxu, 3 – 48009 Bilbao

Tel.: 946 000 016

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