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Extremoduro. Piedra, papel y cuchillo

  • 7 Jul, 2014
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Es el suyo un corazón que anda buscándose la vida; que nunca lo lleva encima por si se lo quitan; al que se le pudrió la carne por los besos no recibidos. Un corazón acorazado como un callo, perdido un mes de mayo en un bar de alterne. Y desde el más sucio rincón de ese negro corazón se han bombeado las letras más poéticas y viscerales que ha dado de sí el rock hispanoparlante. Un corazón que ha sabido conectar con cientos de miles de corazones. El dueño de esos latidos es Roberto Iniesta, fundador, compositor, guitarrista y cantante de Extremoduro, la banda insignia del rock duro estatal. He aquí una breve síntesis de una carrera de vértigo; de piedra, de papel y de cuchillo.

– I –

Es verdad que yo sufro; pero oídme:
¿qué me importa sufrir si soy poeta?
Armando Buscarini

De Plasencia había que huir, poner tierra de por medio. Porque no ofrecía posibilidades y solo cabía quemarse. Dos años después de montar Extremoduro en 1987 Robe, junto a Luis ‘Von’ Fanta (batería) y Salo (bajo/guitarra), comienza su andadura con paso firme. El trío graba los temas que van a parar a una maqueta y años después se re-editan como el primer disco, “Rock Transgresivo” (89). Lo suyo es rock duro callejero que contiene los elementos fundamentales de la apuesta artística de Iniesta: lírica que nace de la desesperación y la exasperación, que lucha contra la desidia y la normalidad, que se recrea en el uso de drogas, se refugia en el sexo, corteja el amor y se hunde en la oscuridad y encuentra luz.

Tienen buena acogida en su tierra, circunstancia que les decide a dar el salto a Madrid. No son en absoluto unos niñatos inexpertos, si acaso, novatos en la industria musical, pero por lo demás lucen peripecias vitales propias de buscavidas viciosos. No les queda otra, o comérselo todo o morirse de asco. Dos pequeños sellos independientes comienzan apostando por el grupo. El debut “Tú en tu casa, nosotros en la hoguera” (90) contenía una grabación menos afortunada de las canciones de la maqueta. “Somos unos animales” (91) reincidía en la temática y denota un muy sui-generis interés social, afianzando las formas de hacer rock duro tendente a los cambios de ritmo y las partes yuxtapuestas.

– II –

Siete veces mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día.
Jaime Sabines

La banda crece rápido entre los oyentes de rock urbano, es tan dura y feroz como la que más, pero consigue atrapar con un pellizco poético personal, guinda emocional que los hace únicos. Iniesta juega con su personaje, lo envuelve en un halo de rupestre salvajismo, son años en los que (no existía Internet ni telefonía móvil) aparecían cada dos por tres rumores de su muerte por sobredosis. De hecho, estos bisbiseos de carácter legendario se extienden hasta nuestros días: en la última rueda de prensa hubo quien le preguntó si no era cierto que había vivido… ¡encerrado en una cueva!

Estando aún en este nivel de ‘secreto a voces’, Extremoduro consigue fichar por una multinacional. Por entonces, el interés de Iniesta se centra en canalizar su ingente creatividad con algún grupo paralelo, aunque finalmente el nombre de la banda madre termine firmando los trabajos. Los temas del proyecto Extremotozoide constituirían el muy notable doble vinilo “Deltoya” (92), colección de coplas de pie quebrado que se hunden en las formas de hacer del extremeño, temas extrovertidos que saludan con sorna la vida pecaminosa, mordiente y antisocial, y que caen rendidas al ocaso del amor. La siguiente aventura, “La Pedrá”, es un experimento de una sola canción, compuesta y grabada a trozos. Sería la primera vez que Robe trabaja con el guitarrista Iñaki ‘Uoho’ -entonces en Platero y Tú- siendo la semilla de un pacto de futuro. El disco “La Pedrá” (95) sale a nombre de Extremoduro tres años después de ser grabado, y dejó a las claras hasta dónde llegaba la capacidad compositiva del autor, la habilidad para crear estructuras complejas sin perder un ápice de intensidad. Otra escapada fue Los Q3, banda que a la postre acabaría siendo Extremoduro, pues la formación de los primeros discos abandona el barco. Así sale “¿Dónde están mis amigos?” (93), el más emocional y lírico de sus trabajos hasta entonces, con la sombra de la libertad, o la falta de esta, asomando triste tras los surcos, compartiendo protagonismo con la locura, la química ilegal y el desamor.

– III –

Si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
Blas de Otero

La distancia entre Extremoduro y los compañeros de pelotón se agiganta. Tanto en lo creativo como en la aceptación popular. Robe, sin dejar la explícita vulgaridad como arma arrojadiza, carga de poesía y emoción sus diatribas. La mejor prueba es el totémico “Agila” (96), el disco del gran salto, no tanto cualitativo, pues la enormidad de lo que ofrece se podía ver venir, como cuantitativo, ya que el gran público esta vez se enteró de su existencia, rindiéndose para siempre a sus fieros encantos. La entrada de ‘Uoho’ en Extremoduro se nota, el productor y guitarrista demuestra una altura de miras que encaja a la perfección con las necesidades de Robe. Al año siguiente se publica “Iros todos a tomar por culo” (97), consecuente disco en directo que les mantuvo en el candelero. El grupo remata formación con la entrada de José Ignacio Cantera a la batería, y Robe despide su vida errante (y pendenciera) instalándose en Lezama (Bizkaia).

Desde el estatus de imperiosa estrella, Extremoduro edita “Canciones prohibidas” (98), que muestra un inspiradísimo dominio de los recursos líricos del autor e incluye arreglos de cuerdas que dan un toque sinfónico a un rock que ora acaricia, ora rompe y rasga. Tres años después aparece “Poesía básica” firmado por Extrechinato y tú, o sea, Robe, ‘Uoho’ y Fito Cabrales, que rinde homenaje a la poesía de Manolo Chinato, salmantino del que Robe había tomado en ocasiones versos -otros poetas que aparecen fugazmente en sus letras son Antonio Machado, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Federico García Lorca, Marcos Ana, Román Romero Ruiz, Kiko Luna Creciente y Sor Kampana-.

– IV –

He vivido su tentación, y he vivido el pecado
del que nadie cabe nunca nos absuelva.
Leopoldo María Panero

Tras esto llega un periodo de sequía compositiva, que no creativa ni laboral. Mientras llega la musa, Robe escribe la novela “El viaje íntimo de la locura” (que publicaría en 2009) y el grupo regraba muchas de las primeras canciones, que se editan en los recopilatorios “Grandes éxitos y fracasos I y II” (2004). En Lezama Robe mantiene una vida alejada del mundanal ruido; apenas contacta con la prensa ni con el entorno del mundillo musical. Desde su atalaya sanea costumbres y acopla los biorritmos a la madurez vital.

En 2009 aparece “La ley innata”, un solo tema fragmentado en seis partes, álbum conceptual que muestra enorme variedad instrumental, solvente pericia lírica y grandes dosis de exploración musical. Dos años después sale “Material defectuoso”, formado por seis temas largos donde el autor pasea sus fantasmas personales con ese verbo recurrente que usa la vulgaridad como señuelo artístico y utiliza la primera persona del singular para ser un narrador omnisciente, haciendo cómplice al oyente de sus nauseas y sus filias, de sus obsesiones. En la gira posterior el grupo recala por vez primera en Sudamérica.

A finales de 2013 aparece su último disco, “Para todos los públicos”, trabajo que luce un abanico musical amplio, de estructuras poco convencionales, que a estas alturas serían reconocibles aunque fuesen solo temas instrumentales. Las letras, una vez más, vuelan alto, con ese inimitable ‘quejío’, desgarro característico que ahora parece nacer de la profunda reflexión antes que de la tremenda resaca y donde sexo y soledad, locura y desamor, vicio y desarraigo, sostienen la intensidad emocional. Al lanzamiento le ha seguido una extensa gira que ahora mismo está aconteciendo. Cuando finalice el periplo Robe Iniesta parece que va a sacar, ahora sí, un disco con un proyecto musical diferente. Lleva años con esas ganas y harto ha demostrado que no es hombre al que se le vaya a quedar un sueño por cumplir.

FUENTES POÉTICAS

Marcos Ana
Decidme cómo es un árbol
 
Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre
decidme como es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.
Aún las noches se perfuman de enamorados
que tiemblan de pasión bajo la luna
¿o solo queda esta fosa?
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.

El verso “No puedo seguir / escucho los pasos del funcionario” aparece en “Te juzgarán solo por tus errores (yo no)”

Miguel Hernández
De mal en peor
 
Dame, aunque se horroricen los gitanos
(dije una vez hablando a la serpiente,
con un deseo de pecar ferviente),
veneno activo el más de los manzanos.
 
Inauditos esfuerzos, soberanos,
ahora mi voluntad frecuentemente
hace por no caer en la pendiente
de mi gusto, mis ojos y mis manos.
 
Antes no me esforzaba y me caía;
y ahora que, con un tacto, un susto, un cuido,
voy sobre los cristales de este mundo,
 
no me levanto ni me acuesto día
que malvado cien veces no haya sido,
ni que caiga más vil y más profundo.

Los versos «no me levanto ni me acuesto día /que malvado cien veces no haya sido» aparecen en “Prometeo”

 
 
 
Sor Kampana
Ni vertiendo polvo
 
Ni vertiendo polvo
en el cajón de los sueños
consigo ahuyentar las pesadillas
que pueblan mis borracheras,
largas horas de descontrol y fuego perdido,
pequeñas fieras y alimañas
que devoran mi vida
hasta contaminarme.

El poema íntegro es recitado en “Abre el pecho y registra”.

Pablo Neruda 
Walking Around
 
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.
 
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
 
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
 
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.
 
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
 
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas…

El verso “Sucede que me canso de ser hombre” aparece en “Sucede”.

Texto: Kike Babas & Kike Turrón • Fotos acreditadas por Warner Music

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